domingo, 17 de junio de 2018

Gris silvestre


Llega el invierno y con él mi primer pensamiento
de armarlo.
Gélido viento, blanca hojarasca.
Mis nervios duelen con cada tirón de cuerda.
El cielo se despeja con el brillo que sonríe,
con el fuego que sabe
ya no es necesario.
Y en medio
torbellino de bufandas sin nido
con cuerpos que anhelan fogatas,
vivas alguna vez.
Se suspira cenizas
y el smog nos maneja precavido
anteponiéndose al cruce.
Muchos dirán que combina con todo
esta rueda de billar,
esta ruleta rusa,
que nos guía al caminar.
Pero ya no existe lo silvestre entre tanto gris,
y esa es mi única pérdida.
Extraño el canto de los pájaros
que me atormentaron una vez.
Pues mis coágulos no son
sin el barro en mis rodillas.
Es aquí cuándo me pregunto
si la humedad es tan espantosa
mientras siga mezclándose
para formar arcoiris.
Sin embargo, temo al hilo de mis sentires,
pues desconozco en qué punto dejé de hablar del clima.

-xabrilrxd

jueves, 14 de junio de 2018

Somos un gran pulmón


Mienten aquellos que niegan el poder de los atardeceres para hacerlos reflexionar. 

Mienten los que encierran las ganas de teorizar sobre las estrellas.

Y también creo que lo hacen aquellos que caminan con viseras, y ojos siempre pegados al suelo. 

Porque sí, ni siquiera habré alcanzado las dos décadas, pero es aquí cuando dejamos de fingir que los años son toda la experiencia.

Veo a mucha gente allá afuera, sí, con cabezas blancas y marcas donde sus ceños se han fruncido demasiado. 

Los veo, y sin embargo
los noto perdidos.
Metáforas al respecto nos rodean de a miles,
y es que se han hecho tan evidentes
que ya nadie se interesa por liquidarlas.

Están perdidos.
Estamos perdidos.
Y el cielo llora cada tanto por ello, 
a pesar de que nos empeñemos en abrir paraguas 
para evitar su dolor.

Es la culpa la que nos pesa, y hacemos cualquier cosa por querer arrancárnosla. 
Pero no podemos, no lo conseguimos, porque ella vive allí, entre cada uno de nuestros latidos.

Suspiramos y la podemos oír en ese aire, que vuela y se mezcla con los demás.
Todos somos un gran pulmón y no siquiera nos vemos.

Así que no me vengas con tus sermones de edad,
que yo aprendí a sentir el dolor de la tierra
aun no sabiéndolo controlar.

Hay personas que son mejores también, que no se interesan por el reconocimiento masivo y usan la sangre de sus mismas cicatrices para evitar otras.
Curar pies raspados.
Secar lágrimas rotas.

Ojalá fuera mejor persona. 
Ojalá saliera a la calle con la tristeza en mis ojos y la alegría en mi corazón. 
Ojalá no dejara de perder la esperanza cada vez que alguien añade un raspón más al lienzo de mi piel. 
Y ojalá aquello ya no paralizara mis pies.

Mejor.
Me gustaría saber qué es ser mejor para cada persona.

Comprendí que aún no termino de comprender y que posiblemente nunca lo haga. 
Pero la vida es tan joven como la consideremos y nuestra alma será tan pura como la de las personas que decidamos tener a nuestro lado. 
Quizá no para siempre, pero con permanencia eterna.

Sí, soy joven y ojalá falten centenas de personas para hacerme mejor. Ojalá pueda frenar la tristeza y volverla colores. 

Hoy sé que soy lo que soy, a la luz de los atardeceres.
Los mismos que me verán algún día dibujarle alas a mis cicatrices 
y dejarlas volar.


-xabrilrxd

jueves, 7 de junio de 2018

Eternas contradicciones

Aquí estoy,
aquí me encuentro otra vez,
contando estrellas mientras le miro las manchas a la luna
y pienso en poemas.

Tú sabes, soy de las que no esperan estrellas fugaces,
porque prefiere ver brillar la oscuridad antes que los adornos.

La de las eternas contradicciones también,
porque, con todo, no puede imaginarse deseando otra cosa que no sean tus abrazos.
Y que el fuego a su paso me sirva de camino
a tus ojos,
y que tu risa,
aquella que se pierde con extraños,
me repare todo los cristales.

Nunca supe que necesitaría tanto tu presencia,
hasta que no pude contarte cada detalle de mis días.
Los innecesarios y estúpidos aconteceres de mi vida,
que tú sabías eran así
y que igual me seguías preguntando.

Porque me hace feliz.
Y lo sabes.
Al igual que entiendes mi debilidad.

¿Cómo explicarte el miedo?
Que a veces siento al universo explotándome en la cara,
dejándome caer,
mientras las luces parpadean a mi alrededor
como burlas.

Entonces no lo puedo evitar,
me asfixio,
nunca he sido una persona con alas fuertes
aunque las haya pintado de plata.
Mis pensamientos se desdoblan
sus filos me abren cicatrices
y sé que ella es mejor.
Por dentro, por fuera
¿a quién le importa?
Yo sólo lo sé.
Porque tus ojos fueron a ella antes
y se quedaron ahí aún cuando sus voces ni se rozaron.

¿Qué puedo darte yo que ella no pudo?
Me ves aquí, llorando por una canción,
preguntándole a la vida porqué las prioridades están tan mal,
intentando absorber toda la tristeza del mundo,
para fantasear con un lugar mejor.

Nos soy buena para amar
si eso significa mostrar mis ojos tristes
cada vez que decidas llamar.
Puedo hacerte feliz
pero nunca lo he conseguido conmigo.
Y aún así, tampoco quiero que seas mi salvador,
intentando por todos los medios sacar a la doncella de la cueva
que ella misma construyó.

No quiero asignarte responsabilidades ni alimentar tu ego.
Solo quiero una cama en la que encontrar consuelo,
y lo de las ropas ya se verá.
Quiero que te rías cuando llore de estupideces,
o llores conmigo,
que escribas una canción horrible para que cante,
y que bailemos en el tejado hasta quedarnos sin aire.
Y al fin podamos nadar
en lo profundo,
dónde lágrimas se confunden con mar
y realmente podamos flotar.

-xabrilrxd