martes, 28 de agosto de 2018

Plumaje de pez


Y si pudiera irme lejos,
llenar la maleta de horazca,
dejar que el viento me atara los cordones
y correr hacia la nada,
¿cuál sería mi misión?
¿cuál es mi misión?

Traigo el mar entre los dientes
y se me escapa,
dejo barro bajo mis suelas,
y la laguna inunda todos mis jardines.

Es por la sal
que se me escabulle en cada entrecerrar de pupilas.
Es por la arena que ya no es cálida,
sino que quema,
arde como cada respiración en el desierto.
Como la esperanza de todo viajero
al toparse con algo que desconoce,
para descubrir que no es el dueño.

Esta no es mi vida,
y aún desconozco si alguien puede llamarse propietario de tanto mundo.
Pero el mar sigue cegando los matorrales,
y eso es razón suficiente.
¿Qué se dice un pez con deseos de plumaje?
¿Qué se le dice a un estanque con anhelos de brisa?

Las luciérnagas no deberían cantar el adiós de ninguna vida,
y sin embargo, allí está el título
junto al adiós.

Extraño los días en que la niña no temía a las espinas,
ni a cortarse las manos por tener algo precioso,
algo único ante sus ojos,
aunque fuera imitación para alguien más.
Piecitos que ignoraban las piedras del camino,
sin intención de juntarlas en su mochila.
Para que luego fueran ancla.

Que le importaba más el color del cielo,
que gritaba libertad por dónde lo mirase,
en vez del humo volcánico, congelando todo a su paso.
Tal vez tuvo elección,
sí que las tuve.

Pero hubo tiempos que no pude evitar,
porque el reloj se ríe en nuestras caras
con cada derrame de arena
que ya se fue.
Se fue, pero permanece en cada estornudo de mi espíritu,
en cada flaqueo de mi alma,
en cada imagen de mi memoria.
Tal vez algún día pueda ser del cielo,
pero hoy no.
Ni mañana tampoco.

Quizá nunca aprenda a tirar la mochila,
abrirla y llenarla de flores
que no se marchiten.

Los peces saben de agua,
para dar vida.
Pero aún no recuerdo dónde dejé aquel conocimiento,
o si lo extravié
entre tanto odio.

No puedo gritar
qué busco.

-xabrilrxd

domingo, 29 de julio de 2018

Océano del naufragio Pt. II



Manos rodaron entre la húmeda infinitud
y los huracanes se dilataron 
hasta sufrir la metamorfosis de brisas ásperas,
impregnadas de huida,
débiles ante una inminente explosión.

Escapando y tanteando en sombras
por los fósforos necesarios para completar la fórmula.

Prisionera la memoria de imágenes permanentes,
verdugo las sensaciones que continúan arañando el alma inmortal.
Arma de doble filo
que aún aguarda sin identificar.

Lluvia, como lágrimas del asfalto congelado,
cayó con anhelo detrás de las cortinas
que nunca lograrían ser mantas,
que jamás arderían con el poder del Sol.

Pero el océano estaría orgulloso de verlos brillar azul,
como la invisibilidad en su superficie
y el cielo perdido en bordes.

Bailaron como sólo los revolucionarios sabían:
sin música ni suelo que sirviera de sostén.
Quizá el flotar estuviese restringido, pero allí estaban sus plumas
descendiendo a lo profundo.
La desintegración mundana.

Las estrellas aún no tienen el alto cargo de imponer realidad,
pero las nubes fueron blancas en su despedida
y nada había cambiado.

Las sábanas no se incendiaron en la desaparición
mientras sus manos continuaron descongelando su cuerpo,
que ya no arañaba el asfalto, ni el luminoso celeste.

Ella siempre fue criatura de branquias,
amante de pulmones acuáticos,
frío gravitante.
Fue la sorpresa del meteoro en sus fauces,
quizá, lo que la golpeó.

-xabrilrxd

jueves, 19 de julio de 2018

El sonido del viento


Siento que todos hemos aprendido 
lo que hoy es el sonido del viento.
Que el amor no tiene forma
y que el oír 
es sentir la vibración.

Pero llegaron las nubes y las cataratas llovieron en nuestros ojos.
Se formaron los pantanos y la brisa secó los rostros.

El sol rugió con fuerza y separó las razas,
las pieles se diferenciaron y las voces tropezaron por su cuenta.

La vida continuó, a pesar del corto movimiento,
y nadie notó cómo de la tierra 
surgían grietas.

El universo no espera a las estrellas, 
el polvo sigue girando.
Y la ausencia de pausas son las cicatrices de hoy.

Olvidamos cómo volar,
olvidamos cómo respirar entre corales,
olvidamos cómo es alejarse sin mirar atrás,
olvidamos el querer llegar a otro lugar.
Olvidamos la esperanza de los desiertos,
el oxígeno en el mar.

No creo que podamos hallar tantas memorias perdidas sin morir como lección.
Tal vez ese sea el único destino
por el que queme mis alas.

Nacimos 
y con ello la magia
de sentirse incompleto 
en un mundo que parece contenerlo todo.

Supongo que la esencia es esa,
saberse pieza de algo mayor,
mitad de pulmones,
partes de alas rotas.
Somos esto y somos el todo también,
el vacío no es nuestra condena,
sino la señal 
de que hubo un comienzo.

-xabrilrxd

domingo, 17 de junio de 2018

Gris silvestre


Llega el invierno y con él mi primer pensamiento
de armarlo.
Gélido viento, blanca hojarasca.
Mis nervios duelen con cada tirón de cuerda.
El cielo se despeja con el brillo que sonríe,
con el fuego que sabe
ya no es necesario.
Y en medio
torbellino de bufandas sin nido
con cuerpos que anhelan fogatas,
vivas alguna vez.
Se suspira cenizas
y el smog nos maneja precavido
anteponiéndose al cruce.
Muchos dirán que combina con todo
esta rueda de billar,
esta ruleta rusa,
que nos guía al caminar.
Pero ya no existe lo silvestre entre tanto gris,
y esa es mi única pérdida.
Extraño el canto de los pájaros
que me atormentaron una vez.
Pues mis coágulos no son
sin el barro en mis rodillas.
Es aquí cuándo me pregunto
si la humedad es tan espantosa
mientras siga mezclándose
para formar arcoiris.
Sin embargo, temo al hilo de mis sentires,
pues desconozco en qué punto dejé de hablar del clima.

-xabrilrxd

jueves, 14 de junio de 2018

Somos un gran pulmón


Mienten aquellos que niegan el poder de los atardeceres para hacerlos reflexionar. 

Mienten los que encierran las ganas de teorizar sobre las estrellas.

Y también creo que lo hacen aquellos que caminan con viseras, y ojos siempre pegados al suelo. 

Porque sí, ni siquiera habré alcanzado las dos décadas, pero es aquí cuando dejamos de fingir que los años son toda la experiencia.

Veo a mucha gente allá afuera, sí, con cabezas blancas y marcas donde sus ceños se han fruncido demasiado. 

Los veo, y sin embargo
los noto perdidos.
Metáforas al respecto nos rodean de a miles,
y es que se han hecho tan evidentes
que ya nadie se interesa por liquidarlas.

Están perdidos.
Estamos perdidos.
Y el cielo llora cada tanto por ello, 
a pesar de que nos empeñemos en abrir paraguas 
para evitar su dolor.

Es la culpa la que nos pesa, y hacemos cualquier cosa por querer arrancárnosla. 
Pero no podemos, no lo conseguimos, porque ella vive allí, entre cada uno de nuestros latidos.

Suspiramos y la podemos oír en ese aire, que vuela y se mezcla con los demás.
Todos somos un gran pulmón y no siquiera nos vemos.

Así que no me vengas con tus sermones de edad,
que yo aprendí a sentir el dolor de la tierra
aun no sabiéndolo controlar.

Hay personas que son mejores también, que no se interesan por el reconocimiento masivo y usan la sangre de sus mismas cicatrices para evitar otras.
Curar pies raspados.
Secar lágrimas rotas.

Ojalá fuera mejor persona. 
Ojalá saliera a la calle con la tristeza en mis ojos y la alegría en mi corazón. 
Ojalá no dejara de perder la esperanza cada vez que alguien añade un raspón más al lienzo de mi piel. 
Y ojalá aquello ya no paralizara mis pies.

Mejor.
Me gustaría saber qué es ser mejor para cada persona.

Comprendí que aún no termino de comprender y que posiblemente nunca lo haga. 
Pero la vida es tan joven como la consideremos y nuestra alma será tan pura como la de las personas que decidamos tener a nuestro lado. 
Quizá no para siempre, pero con permanencia eterna.

Sí, soy joven y ojalá falten centenas de personas para hacerme mejor. Ojalá pueda frenar la tristeza y volverla colores. 

Hoy sé que soy lo que soy, a la luz de los atardeceres.
Los mismos que me verán algún día dibujarle alas a mis cicatrices 
y dejarlas volar.


-xabrilrxd

jueves, 7 de junio de 2018

Eternas contradicciones

Aquí estoy,
aquí me encuentro otra vez,
contando estrellas mientras le miro las manchas a la luna
y pienso en poemas.

Tú sabes, soy de las que no esperan estrellas fugaces,
porque prefiere ver brillar la oscuridad antes que los adornos.

La de las eternas contradicciones también,
porque, con todo, no puede imaginarse deseando otra cosa que no sean tus abrazos.
Y que el fuego a su paso me sirva de camino
a tus ojos,
y que tu risa,
aquella que se pierde con extraños,
me repare todo los cristales.

Nunca supe que necesitaría tanto tu presencia,
hasta que no pude contarte cada detalle de mis días.
Los innecesarios y estúpidos aconteceres de mi vida,
que tú sabías eran así
y que igual me seguías preguntando.

Porque me hace feliz.
Y lo sabes.
Al igual que entiendes mi debilidad.

¿Cómo explicarte el miedo?
Que a veces siento al universo explotándome en la cara,
dejándome caer,
mientras las luces parpadean a mi alrededor
como burlas.

Entonces no lo puedo evitar,
me asfixio,
nunca he sido una persona con alas fuertes
aunque las haya pintado de plata.
Mis pensamientos se desdoblan
sus filos me abren cicatrices
y sé que ella es mejor.
Por dentro, por fuera
¿a quién le importa?
Yo sólo lo sé.
Porque tus ojos fueron a ella antes
y se quedaron ahí aún cuando sus voces ni se rozaron.

¿Qué puedo darte yo que ella no pudo?
Me ves aquí, llorando por una canción,
preguntándole a la vida porqué las prioridades están tan mal,
intentando absorber toda la tristeza del mundo,
para fantasear con un lugar mejor.

Nos soy buena para amar
si eso significa mostrar mis ojos tristes
cada vez que decidas llamar.
Puedo hacerte feliz
pero nunca lo he conseguido conmigo.
Y aún así, tampoco quiero que seas mi salvador,
intentando por todos los medios sacar a la doncella de la cueva
que ella misma construyó.

No quiero asignarte responsabilidades ni alimentar tu ego.
Solo quiero una cama en la que encontrar consuelo,
y lo de las ropas ya se verá.
Quiero que te rías cuando llore de estupideces,
o llores conmigo,
que escribas una canción horrible para que cante,
y que bailemos en el tejado hasta quedarnos sin aire.
Y al fin podamos nadar
en lo profundo,
dónde lágrimas se confunden con mar
y realmente podamos flotar.

-xabrilrxd

viernes, 25 de mayo de 2018

Mi efecto catarsis

Parte I

[Suspiro]

Ni siquiera sé cómo encabezar este relato, impregnado de conclusiones subjetivas, que bien podría llamar desahogo emocional. Una nueva perspectiva. Un ánimo de plasmar lo que una larga tarde me dejó grabado.

¿Cómo describir colores todavía inciertos?

Sin embargo, es un relato corto, a fin de cuentas, que escapa de autoayudar a nadie, esquivando autocompadecimientos poco objetivos, y con el siempre presente riesgo de caer en el engaño de nuestra propia mente.

Pero, sincerándome más conmigo que con alguien más que se le ocurra leer esto, mis palabras no planean ser un mapa del tesoro ni un sendero hacia la luz. Es la más pura catarsis que me veo obligada a plasmar, por miedo a que se me escape otra vez al “olvido”.

Así pues, me gustaría empezar por la más llana y superficial pregunta jamás respondida con sinceridad a la primera de cuentas: “¿estás bien?”.

Podría dar mil ejemplos más de cómo nuestra mentalidad juega a dos bandos, con el sarcasmo y la ironía siendo sus mejores armas.

¿Cuántas veces le hemos restado importancia como pregunta? ¿Cómo no hacerlo cuando tantos alrededor la usan tan naturalmente? ¿Realmente alguien espera una respuesta negativa? No, es lo que pensamos.

Y ese no es en lo que creo radicalmente. Nadie quiere saber de los fantasmas de otros. Nadie quiere correr el riesgo de ver a los suyos reflejados allí también.

Empecé diciendo que hoy había tenido una “revelación”, si se le puede llamar así a algo que siempre existió a mí alrededor. Pero vamos, que asimismo la miopía es un proceso endógeno y abstracto.

Hoy, como muchas veces suele sucederme, me sentí mal [enorme síntesis de todo lo que implica]. Desde hace poco, y tras años de estos “bajones” [nada de qué presumir con orgullo], aprendí a diferenciar mis tipos de caídas: las que suceden en lugares públicos, allí dónde “ya estás en el baile” y no hay salida de emergencia que surja a tiempo; y aquellos que aparecen justo antes de cruzar el umbral de mi puerta.

No creo que haga falta aclarar que en ambos sobreviene una aguda tristeza, casi desesperante, gracias al torbellino de palabras sueltas –nada amistosas– que se golpean con fuerza dentro de mi cabeza. Ansiedad, ira por no poder ser dueña de mi vida, por permitir que algo tan indefinido me domine, por ser incapaz de explicar por qué hace dos minutos era la persona más carismática y ahora sólo quiero desaparecer en una esquina.

Apesta, y duele cómo cada puñalada mental se siente sangrar en cada acción que te obliga a tomar.

Y justo en el momento, el esperanzador momento, cuando querés gritar… nada. Ausencia de aire. ¿Alguien escucha?

La percepción de lo negativo te invade y cada cosa que hagan los demás te llena de dolor, porque esa sonrisa no se siente, porque esas inseguridades se vuelven un monstruo, porque “¿quién podría quererme así?”.

Cada persona es un mundo, dicen tantos eslóganes, pero es cierto, y desconozco cómo cada sujeto sobrelleva su desolación. Sin embargo, cuando me pierdo, huyo de la realidad y espero encontrar la salida vagabundeando en la niebla. Metáforas sobran para decir que me aíslo, ya que nadie puede darle la importancia que se merece esa oscuridad, porque no necesito linternas, ¿para qué molestar? Tampoco significo mucho…

El ancla se vuelve gigante. Cuesta salir.

Y aunque salga, es cada vez menos ilesa.

¿Por qué dejamos que esos pensamientos nos sometan? ¿Tan lastimados íbamos a estar?

Ideas cubiertas de engaños, surgiendo como supuestas corazas, cuando son ellas mismas las que apuntan sus cuchillas dentro. Puesto que pensar “suficientemente me tiro yo, para tener que soportar maltratos externos” es una muralla gigante que nos llena de desconfianza y miedo, aun cuando pretenda ser un paracaídas.

Hoy me di cuenta de lo equivocada que estaba y que seguro sigo estándolo.


Parte II

No estoy bien y aceptarlo fue mi mayor alivio. El paso de una conquista que quiero realizar.

Ya no quiero pretender divertirme cuando me vengo abajo. Que me gusta bailar bajo la lluvia, pero no arrastrarme en su barro.

No puedo evitarlo. Y algo que no puedo impedir no puedo adjudicarlo como culpa. Tengo que dejar de matarme por ser como soy, por sentir.

El universo lo sabe y maldigo por ello, que quiero sentir, no quiero arrepentirme, no quiero verme paralizada nunca más, quiero demoler los muros y abrazar las experiencias del dolor fructífero, no autodestructivo.

En algún momento del día de hoy, me encontré caminando sola hacia mi casa, desenado escapar de la niebla que me estaba consumiendo. Fue entonces que lo descubrí: no sabía a dónde quería ir. Y no lo sabía porque el lugar nunca había sido el problema, porque yo cargaba con ese caparazón, que dormía de vez en cuando.

Me senté en un banco de plaza a mirar el agua salpicar en la fuente, y luego las gotas de perros chapoteando, palomas volando lejos, ramas acariciando la vegetación, personas disfrutando el clima, riendo, quizá mirando el cielo despejado o leyendo un libro. Nunca me sentí tan inexistente. Yo no encajaba en el bello panorama y sin embargo permanecí allí horas, en silencio, sintiendo cómo el todo se convertía en vacío.

Y el universo sabe que el vacío agota las energías. No podía moverme.

Hasta que lloré. Sólo dos lágrimas salieron, pero por dentro fue un volcán.

Todo este tiempo el problema siendo yo, mientras intentaba dirigir mi enojo hacia los demás. ¿Dónde estaba su error? No podía ser más egoísta con la vida, no podía dejar pasar tantas palabras hirientes sin considerar consecuencias.

El más real caos dentro de un paisaje estático.

Fue ahí cuando me di cuenta de que sentía miedo y no quería estar sola. Que no quería sentir esas ansias de vagar nunca más si no era junto a sonrisas.

Le dije a una amiga dónde estaba y ella me buscó, aun sin pedirlo, y la facilidad con la que me abrió un túnel me desbloqueó los pulmones.

Siempre me sentí agradecida por las personas que, sin saberlo, me hacían ver lo importante que era para ellos, aun cuando no lo sintiera. No creo que se hayan dado cuanta entonces lo fuerte que me mantenían con vida. ¿Cómo se devuelve eso?

Ojalá mis abrazos fueran suficientes para romper tantos muros como ojos tristes.

Ella, mi amiga, se sentó y no dijo nada. Y hablé cuando encontraba las palabras.

El hecho es que la frase “cada uno se merece a una persona que se interese porque estés bien, un amor que te construya, que te sostenga y te acompañe a mejorar”, me sacudió con toda su simpleza. En realidad, no muchos sienten el poder de la palabra merecer, pero lo es todo. Lo es todo porque te refriega todo tu valor, aquel que no te das.

Como dije, yo no estaba bien y ni estoy mejor aún, pero ahora lo sé, yo no tengo que esconder mi tristeza cuando es parte de mí ser, ni mucho menos dejar que consuma mi vida. Yo soy esto que sufre y siente con fuerza, ¿dónde está la vergüenza?, ¿dónde está el miedo? Que sin raspones no hay cicatriz, y sin marca no hay historias.

Así que sí, este es mi nuevo plano, que se da de revolucionario en una persona llena de injusticias. Y como cada protesta, espero que gane la batalla.

-xabrilrxd

miércoles, 9 de mayo de 2018

El caducar de los muros



No me digas que no es real 
si tus pupilas no pueden seguirme.
No me digas que me lo invento 
si bloqueaste todas tus puertas.

Quizá no podamos evitarlo y la vorágine de percepciones nos sacuda, 
nos haga astillar,
pero no me digas que lo que siento no está,
cuando la causa
hace que millones se desvanezcan.

No hay dudas. 
Tal vez resuene dentro del hosco cemento
y mi voz se pierda cual materia negra,
pero en este interminable salón resuenan los ecos,
y sé que la oscuridad es una ilusión.

Que no estoy sola cuando muchos me pueden sentir,
pues no dejar pasar al viento es seguir respirando polvo.
Me di cuenta que siempre hubo luz 
para los que osaran mirar,
cambiar la rutina de su caminata sin fin
y levantar la vista.

Es de cobardes, si sabré, no poder contemplar en dónde se han estado arrastrando.
La misma habitación.
La misma cerámica.
No me digas que son irreales las cadenas que me han hecho llagas
sólo porque tu piel no sangra.

Heridas, úlceras profundas, filtran mi aire.

Que mis gritos exageran, que se me quiebra la voz.
Sí, soy una vergüenza.
“No quieras correr las cortinas, ni ventilar el cuarto,
¿dónde iríamos si descubriésemos que no hemos llegado a ningún lado?
Silencio.
Apaga las luces.
Las voces en el estrado son suficientes para guiarte.
Calla, no llores, ¿qué esperabas? 
Pues el sol no nos penetra,
los otros dañan y el deber es arrastrar.
No te quejes, no interpeles,
la culpa es de quien se deja caer.
Los que bloquean las puertas son tus guardianes.
No te preocupes si los colores son imaginarios,
lo morado no se distingue,
nadie sabe de tus muecas.
Nadie interpreta tus sonidos.
Nadie te quiere ayudar.
Porque no estás.”

Dicen que uno siempre se encuentra en los ojos de quien ama,
como si ser atemporal impidiera la evaporación.
Pero cuando suceda, estaré preparada.
Cuando el gris sacuda
lo único que haré es escuchar. 

-xabrilrxd


sábado, 5 de mayo de 2018

Espinas eléctricas


Súbitamente, mis pestañas rozaron la piel.
Las centellas bailaron en mis ojos,
y el marrón se mezcló con la oscuridad.

Dudar pero seguir entregando todo,
callar aún moviendo los mares.
Supongo que la ceguera siempre fue mi efecto colateral.

Llovía
y la tormenta iluminaba las cadenas,
que ningún nevar en las mantas
había podido suavizar.

Fue curiosa la experiencia de oír, 
en donde antes había canciones,
el eco del metal raspante,
obstruyendo el sonido natural.

Las sábanas se enrollaron en mis tobillos
mientras la sal comenzaba a empaparlas.
Y aún esperando el océano, juré que el frío no me penetraría.

Pero me vi y era hielo.
Cristales con filo
que muchos confundieron con carisma.

Los rayos continuaban con su danza
y las ventanas salpicaban de realidad.

Y en la mitad de todo el acto
la sublimación de saberse enamorado.

Hoy comprendí
lo que el viento me gritó desde que intenté volar:
que la felicidad no existe si no es compartida,
y que no se puede querer sin felicidad.

Nunca creí en las palabras 
si no eran escritas con la sombra detrás.
Pero los golpes de la lluvia
me sacudieron 
y supe que la tristeza no es garantía de sinceridad.

Te intoxica el alma mientras se reviste de pureza
y te ayuda a crear utopías
con trasfondos que remontan la bruma.

Y el resurgir de los golpes junto a ella,
se materializan en metal.

Así que sí, te quiero, y no temo confesármelo.
Pero no me pidas que lo grite
cuando ya lo he intentado
y nadie me escuchó.

Lo supe desde que intenté seguir tus pasos en esta lúgubre oscuridad
de desconcierto e irrealidad.

Y lo siento aunque la niebla cruce mis ojos
y los micrófonos estallen mis tímpanos.

Todavía estaba tu eco en mis aguas dolorosas,
y en mis pesadillas laberínticas.

Sé que no es culpa de nadie
haberme creído las rosas
mientras las espinas me abrían venas.

Esta soy yo, tirando de las cadenas,
con flores nuevas decorando nudillos,
pinturas bellas rojo carmín.

-xabrilrxd

miércoles, 2 de mayo de 2018

Mensaje torbellino

Viaje Picodélico

Inhalo,
exploro
y me pierdo.
Mientras una vez más
mi ignorancia me encadena al torbellino,
me hunde 
y la infinita resaca se impregna de vida.

Alrededor, el vaho insiste en ser mi camuflaje,
mientras el suspiro
le sirve de puerta a mis costillas
y bienaventuran al smog.

Pura palabrería, dirán, 
pero no conozco más formas de hablar lo verdadero,
tal cual lo experimento.

Escribo
porque nadie pregunta lo que vale el aliento.
Y es mi motivación más fuerte
la que me debilita.

Que el destino se quede en inexistencia
y no permita que alguien me pida
explique mis letras.
Pues no podré dar más respuestas
que su mera permanencia.

El mensaje es barrido por las olas
como las botellas del naufragio,
y quien la encuentre
lo entenderá,
allí está el significado.

Ni yo sé porqué 
a veces entra la sal de mares ajenos
y tinta mis páginas
y la llena de agujeros.

Mis venas contienen todo el oxígeno
y aún no estoy lista para despegar.

El viento sigue apropiándose de mi mensaje,
los pulmones sienten la traición del arsenal.

Es difícil ver el final 
cuando se desconoce un destino.
Sentir las ramas como caricias,
perseguir al viento como guía,
cuando la lluvia se destilza
carmín.

-xabrilrxd

jueves, 26 de abril de 2018

Cisvérso


Hay noches en las que pienso que todo es demasiado grande.
Momentos en los que tomo conciencia de la monotonía,
y de la dependencia que nos aprieta a ella.

Nuestra forma de vida.
Nuestra rueda sin salida.

Y quiero correr.
Sin darme cuenta
que paso los días pensando en cuál será mi siguiente movimiento,
para después olvidar la mayoría de mis conclusiones.
Y todo es en vano.

Yo lo siento en vano.
Tan lleno de nada.

Hasta que subo las escaleras.

Una vez leí que nunca hay tiempo suficiente
para subir a los tejados;
y tal vez lo sé,
que no todo es lo mismo,
pero la intensidad de ello me rompió.

Me ven ahí, quejándome de mis quehaceres,
pasando los días sin hacer lo que realmente me haría estallar,
culpando al sistema,
como si ellos no hubieran necesitado mi permiso para dominar.

Pero lo hicieron.
Porque sólo yo fui la constructora de mi misión.
Y lo sigo siendo
por más vendas que presionen mis párpados.

Ningún trapo puede ocultar lo que existe antes que ellos.
Lo que está dentro.
Cada vez que subo y miro al cielo, lo confirmo.

Quizá haya una parte que esté presa,
pero mientras siga percibiendo el brillo de las estrellas,
seré consciente de ello.

Es la conexión más fuerte que cualquier rayo solitario,
porque mi mundo interno es análogo a la inmensidad de allí fuera.
El equilibrio entre similitudes y diferencias.
Todo existe mientras no lo neguemos.

Veo la noche y no me creo las mentiras que le apuntan.
A veces lloro sin saber el motivo exacto
y sigo sin apartar la mirada.
Pero ahí está, demasiado hermosa,
quizá no lo suficiente para que otros dejen de mirar la tierra
y contemplen brillar la oscuridad.

Demasiada poesía para cargar en mochilas mortales.

Demasiado terror para contemplar lo inimaginable.

Y quizá esté diciendo un montón de sinsentidos,
pero me gustaría que alguien me callara,
diciéndome que la vida no se basó en eso desde sus comienzos.

Podemos sentarnos y pensar que vivimos dentro de una pecera,
y que cada día no tiene el potencial de ser extraordinario.
Podemos fingir que no lo entendemos,
que no tenemos el poder de tirar los miedos a la basura
y salir a cazar las tormentas que tengamos que cazar
para unir los rayos que hagan falta.
Podemos dejar las vendas y negar que otros se animan...

Pero seamos ilusos en este mundo lleno de realidad.
Si el verdugo se llamará sistema,
no olvidemos que nosotros existimos dentro de su cabeza.

-xabrilrxd

lunes, 16 de abril de 2018

Laguna cinéfila


Gran pantalla.
Siempre veo las mismas películas
sin primera fila cuando no hay nada más
que mi asiento evitado.
Supongo que ahí está toda la belleza.
Las partículas de polvo nadando en la nada, y la luz dejando tu lugar en la sombra,
¿o un plural?
Tal vez dé igual cuando todo se vuelva una gran marea,
y te conviertas en ola
y ya no sepas a cuál océano perteneces.
O si has perdido tu lugar en la laguna.
¿A cuántos desconocidos has estado extrañando?
Porque sé lo que es vivir con la identidad de un abandonador,
que aún es inocente.
Siempre veo los mismos finales. Aunque todos suenen diferentes.
Supongo que no puedo evitarlo
las escenas del dos mil y el intérprete estrambótico, me llaman.
Y siempre hay un sentimiento impulsor.
Todos lo conocemos, porque es nuestra esencia,
la cobardía que nos guía
y que muchos le dicen precaución.
Ahora creo que así funciona el cariño.
Sobrenombres, seudónimos,
¿por qué queremos evitar el real?
Dicen que les gusta mi sonrisa, que los hago reír.
No soy tan egocéntrica para creerlo.
Sin embargo, las palabras no cambian y mis interrogantes desbordan.
A todos les gustan los días soleados,
con la excusa de que pueden vivir.
Pero yo soy mas pergamino que lienzo,
y si no aman mi tristeza entonces sus oraciones son tan reales
como el brillo en mis ojos.
Pueden confundirlo, pero la chispa no lleva la identificación adecuada.
¿A quién están queriendo?
No puedo ser esa persona por más que quiera.
Y no quiero.
Hace tiempo perdí el mapa a mi laguna y ya aprendí a no respirarla.
Temo perder
lo que construí
mientras al mismo tiempo
lo siento nada.
Me gustan las películas que nadie ve,
porque sin ser malas te desgarran.

¿Qué mejor filosofía puede pedir un volador?

-xabrilrxd

viernes, 13 de abril de 2018

Entre los espacios, barcos


Voy de acá para allá, de allá para acá.
Es lo que siento,
es lo que respiro.
Los olores me rodean 
y es entre sus espacios cuando pienso
y veo con nitidez,
todo aquello que se empaña con la calidez de las sonrisas.

Me gusta el otoño, porque puedo fingir 
que la opaca luz de la hojarasca
es suficiente para pintar mi lienzo.

Pero el vaivén frena en cada parpadear,
como el columpio que ya no vuela
y ya no trasmite esa ilusión.
Como la mano en la espalda que te frena
pero no te ayuda a bajar.
Como el giro brusco de las cadenas
que uno mismo provoca
y asusta.

Frena, aterriza, se para,
y eso es todo lo que pueden alcanzar las metáforas.
Ya no es sólo otoño

y el cielo sigue del mismo color,
aunque lo veamos cambiar.
¿O serán sólo nuestros ojos?
Ojalá fueran sólo nuestros ojos.

Regreso a los espacios,
entre cortinas,
y allí es cuando más doy la razón 
a quienes que me tachan de dramaturga.

Que no me muero por entrar en crisis
pero la filosofía me ayuda a respirar
sin humo.
También es cuando el vaho abre una ventana
y deja entrever un poco de verdad,
un poco de la tormenta 
con sus rayos cargados de realidad.

Soy una gran actriz 
aunque no per se,
aunque no en contacto con tus ojos.
¿Y qué más puedo decirte? 
Además de que no creo en la originalidad
cuando veo a la mentira
repartida entre la humanidad.

Es otoño, pero el mundo no se detiene.
El océano separa las mariposas
y el calor a las nubes.

Mientras nosotros
construimos barcos.


-xabrilrxd

lunes, 19 de marzo de 2018

Piel Goteante


Ojalá la brisa soplara más fuerte,
para poder arrancar a todos los dientes de león,
que se negaron ser el sueño de alguien.

Ojalá la lluvia se antojara menos placentera
a los ojos de la penumbra,
para así ponerle más trampas
a la escurridiza melancolía.

Y sé que divago en la mitad de mis pensamientos,
mientras me lamento en el porcentaje restante.
Ojalá mis carcajadas fueran el alud de una montaña,
para sobrepasar el ruido.

Cadena perpetua a los pájaros que torturan mis oídos,
acelerando la metamorfosis que intento disimular.

De repente un agujero se abrió en el lago,
y caí del revés, cuando pensé que nadaba.
Pero fue la ausencia de guarida la advertencia final.

Cadena perpetua.
El cielo se cerró ante mis ojos húmedos,
que no puedo distinguir del ambiente.
Con otras luces titilando en la periferia,
no necesito nadar hacia ninguna.

No me pregunto cómo mis pulmones se inflan,
ni qué quieren aquellas que me miran,
floto al fin aquí y las burbujas me brotan cuando sonrió.

Pero sé que no moriría
donde el vacío de los pétalos choca en cada ocasión.

Las aves no se silencian aún en lo profundo,
sus cantares van en crescendo,
como en un acto final.
Ya no hay burbujas, sólo presión,
sólo luces acercándose,
buscando algo que no puedo ofrecerles,
sin arrancar un pedazo de mi piel.

Plumas, escupo plumas,
y la espuma venda mis ojos.
Ya no es todo negro, ahora es gris,
brillante,
y siento las caricias en mi piel goteante.

Vuelvo a estar sola,

con un desastre a mis pies.

xabrilrxd