
Manos rodaron entre la húmeda infinitud
y los huracanes se dilataron
hasta sufrir la metamorfosis de brisas ásperas,
impregnadas de huida,
débiles ante una inminente explosión.
Escapando y tanteando en sombras
por los fósforos necesarios para completar la fórmula.
Prisionera la memoria de imágenes permanentes,
verdugo las sensaciones que continúan arañando el alma inmortal.
Arma de doble filo
que aún aguarda sin identificar.
Lluvia, como lágrimas del asfalto congelado,
cayó con anhelo detrás de las cortinas
que nunca lograrían ser mantas,
que jamás arderían con el poder del Sol.
Pero el océano estaría orgulloso de verlos brillar azul,
como la invisibilidad en su superficie
y el cielo perdido en bordes.
Bailaron como sólo los revolucionarios sabían:
sin música ni suelo que sirviera de sostén.
Quizá el flotar estuviese restringido, pero allí estaban sus plumas
descendiendo a lo profundo.
La desintegración mundana.
Las estrellas aún no tienen el alto cargo de imponer realidad,
pero las nubes fueron blancas en su despedida
y nada había cambiado.
Las sábanas no se incendiaron en la desaparición
mientras sus manos continuaron descongelando su cuerpo,
que ya no arañaba el asfalto, ni el luminoso celeste.
Ella siempre fue criatura de branquias,
amante de pulmones acuáticos,
frío gravitante.
Fue la sorpresa del meteoro en sus fauces,
quizá, lo que la golpeó.
-xabrilrxd
