domingo, 29 de julio de 2018

Océano del naufragio Pt. II



Manos rodaron entre la húmeda infinitud
y los huracanes se dilataron 
hasta sufrir la metamorfosis de brisas ásperas,
impregnadas de huida,
débiles ante una inminente explosión.

Escapando y tanteando en sombras
por los fósforos necesarios para completar la fórmula.

Prisionera la memoria de imágenes permanentes,
verdugo las sensaciones que continúan arañando el alma inmortal.
Arma de doble filo
que aún aguarda sin identificar.

Lluvia, como lágrimas del asfalto congelado,
cayó con anhelo detrás de las cortinas
que nunca lograrían ser mantas,
que jamás arderían con el poder del Sol.

Pero el océano estaría orgulloso de verlos brillar azul,
como la invisibilidad en su superficie
y el cielo perdido en bordes.

Bailaron como sólo los revolucionarios sabían:
sin música ni suelo que sirviera de sostén.
Quizá el flotar estuviese restringido, pero allí estaban sus plumas
descendiendo a lo profundo.
La desintegración mundana.

Las estrellas aún no tienen el alto cargo de imponer realidad,
pero las nubes fueron blancas en su despedida
y nada había cambiado.

Las sábanas no se incendiaron en la desaparición
mientras sus manos continuaron descongelando su cuerpo,
que ya no arañaba el asfalto, ni el luminoso celeste.

Ella siempre fue criatura de branquias,
amante de pulmones acuáticos,
frío gravitante.
Fue la sorpresa del meteoro en sus fauces,
quizá, lo que la golpeó.

-xabrilrxd

jueves, 19 de julio de 2018

El sonido del viento


Siento que todos hemos aprendido 
lo que hoy es el sonido del viento.
Que el amor no tiene forma
y que el oír 
es sentir la vibración.

Pero llegaron las nubes y las cataratas llovieron en nuestros ojos.
Se formaron los pantanos y la brisa secó los rostros.

El sol rugió con fuerza y separó las razas,
las pieles se diferenciaron y las voces tropezaron por su cuenta.

La vida continuó, a pesar del corto movimiento,
y nadie notó cómo de la tierra 
surgían grietas.

El universo no espera a las estrellas, 
el polvo sigue girando.
Y la ausencia de pausas son las cicatrices de hoy.

Olvidamos cómo volar,
olvidamos cómo respirar entre corales,
olvidamos cómo es alejarse sin mirar atrás,
olvidamos el querer llegar a otro lugar.
Olvidamos la esperanza de los desiertos,
el oxígeno en el mar.

No creo que podamos hallar tantas memorias perdidas sin morir como lección.
Tal vez ese sea el único destino
por el que queme mis alas.

Nacimos 
y con ello la magia
de sentirse incompleto 
en un mundo que parece contenerlo todo.

Supongo que la esencia es esa,
saberse pieza de algo mayor,
mitad de pulmones,
partes de alas rotas.
Somos esto y somos el todo también,
el vacío no es nuestra condena,
sino la señal 
de que hubo un comienzo.

-xabrilrxd