
A vos, ojos oníricos,
alguna vez te habré hecho ver la analogía.
Y después de esa, no paré,
estoy segura.
Te habrás dado cuenta de que me apasionan las metáforas,
como las cartas hechas a mano,
a dedos manchados,
y las puestas de sol, aunque mi vigilia nunca resista.
A veces pienso que no dormiría,
sólo para admirar
cómo su luz se fusiona
con el borde del mundo.
Así me siento al lado tuyo.
Llegaste un día,
había cristales, ¿cómo no?
pero la pared se alzaba firme.
Algas flotaban en su interior,
flores acuáticas
naranjas rosas y doradas.
El musgo nunca siendo tan brillante
como entre las medusas.
Siempre me pregunté sobre el mar.
Allí abajo estaban los pedazos de luna,
dentro
fuera,
como nieve engañosa que te lastimaría los pies
si no fueras con cuidado.
Aquel era mi piso diario,
mi asfalto,
mi lugar,
mi santuario maldito.
Nunca diré que el paisaje fue horrendo.
Siempre obtuve lo que me propuse,
no morí
pero no viví.
Nunca me bastó que los demás sólo lo creyeran.
Entonces, ¿porqué? dirán,
y no podré hacer más por las palabras que se perdieron
el mismo día que usé la máscara,
levanté la barrera,
encerré al monstruo
dentro de mí.
Aunque no me pertenecía,
el universo sabe que no me pertenecía.
Creció conmigo,
prisionero de la memoria,
excarcelación de doble filo.
Nunca quise salir tanto al aire
como cuando tu abrazo de nubes me atravesó.
Y debo decirlo así, me sacudió
como alud en plena sequía
barro
granizo
relámpagos.
Te volviste mi sol favorito.
¿Cómo no pintarte?
¿Cómo no protegerte del brillo, de la humedad, del filo de mi corazón?
-xabrilrxd
No hay comentarios.:
Publicar un comentario