
Súbitamente, mis pestañas rozaron la piel.
Las centellas bailaron en mis ojos,
y el marrón se mezcló con la oscuridad.
Dudar pero seguir entregando todo,
callar aún moviendo los mares.
Supongo que la ceguera siempre fue mi efecto colateral.
Llovía
y la tormenta iluminaba las cadenas,
que ningún nevar en las mantas
había podido suavizar.
Fue curiosa la experiencia de oír,
en donde antes había canciones,
el eco del metal raspante,
obstruyendo el sonido natural.
Las sábanas se enrollaron en mis tobillos
mientras la sal comenzaba a empaparlas.
Y aún esperando el océano, juré que el frío no me penetraría.
Pero me vi y era hielo.
Cristales con filo
que muchos confundieron con carisma.
Los rayos continuaban con su danza
y las ventanas salpicaban de realidad.
Y en la mitad de todo el acto
la sublimación de saberse enamorado.
Hoy comprendí
lo que el viento me gritó desde que intenté volar:
que la felicidad no existe si no es compartida,
y que no se puede querer sin felicidad.
Nunca creí en las palabras
si no eran escritas con la sombra detrás.
Pero los golpes de la lluvia
me sacudieron
y supe que la tristeza no es garantía de sinceridad.
Te intoxica el alma mientras se reviste de pureza
y te ayuda a crear utopías
con trasfondos que remontan la bruma.
Y el resurgir de los golpes junto a ella,
se materializan en metal.
Así que sí, te quiero, y no temo confesármelo.
Pero no me pidas que lo grite
cuando ya lo he intentado
y nadie me escuchó.
Lo supe desde que intenté seguir tus pasos en esta lúgubre oscuridad
de desconcierto e irrealidad.
Y lo siento aunque la niebla cruce mis ojos
y los micrófonos estallen mis tímpanos.
Todavía estaba tu eco en mis aguas dolorosas,
y en mis pesadillas laberínticas.
Sé que no es culpa de nadie
haberme creído las rosas
mientras las espinas me abrían venas.
Esta soy yo, tirando de las cadenas,
con flores nuevas decorando nudillos,
pinturas bellas rojo carmín.
-xabrilrxd
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